La bailaora Rocío Molina brilla en los premios Max 2017

Rocío Molina recoge su premio Max. Foto: ©Vicente A.Jimenez / Fundación SGAE.
Rocío Molina recoge su premio Max. Foto: ©Vicente A.Jimenez / Fundación SGAE.

El pasado lunes se celebró la edición número XX de los Premios Max de Teatro. En ellos la bailaora Rocío Molina obtuvo dos premios: Mejor coreografía y Mejor intérprete femenina de danza. Además, su espectáculo “Caída del cielo” también obtuvo el premio al Mejor Diseño de iluminación, obra de Carlos Marquerie. También fueron galardonados Manuel Liñán, que obtuvo el premio al Mejor intérprete masculino de danza por “Reversible” y Salvador Távora, que recibió el Premio de Honor.

Los espectáculos de flamenco siempre han tenido un peso importante dentro de la oferta cultural de los teatros españoles. La calidad de los montajes que podemos ver sobre las tablas se suele ver premiada en galardones como los premios Max, seguramente los más importantes reconocimientos dentro de las artes escénicas en España.

Este año no ha sido una excepción y los bailaores Rocío Molina y Manuel Liñán han obtenido sendos reconocimientos por su trabajo. Rocío Molina, actualmente afincada en París, gracias a su vinculación con el Teatro Nacional de Chaillot, comentó al recoger su premio que “el problema de hoy en día es que todos somos un poco todoterreno, tenemos que hacer de todo un poco” en referencia a la situación de dificultad que atraviesa en este momento el mundo de la danza.

Caída del cielo”, última creación de Rocío, comenzó su gestación en el verano de 2015. Es un trabajo de equipo coproducido junto al Théâtre National de Chaillot para el que ha contado con el autor, director e iluminador Carlos Marquerie (también premiado), la bailarina y coreógrafa Elena Córdoba, los músicos Eduardo Trassierra, Pablo Martín Jones, José Ángel Carmona y José Manuel Ramos “Oruco”, y la diseñadora de vestuario Cecilia Molano. Se trata de una pieza construida como tránsito entre contrarios en la que el movimiento se atreve al equilibrio y la desmesura, a la belleza y a lo grotesco, a la sobriedad y la voluptuosidad, a lo ortodoxo y a lo políticamente incorrecto. Es una reivindicación de la voluntad del cuerpo expuesto al riesgo más allá de los límites.

Pero Rocío no fue la única artista flamenca en recibir un galardón, ya que el premio al mejor intérprete masculino de danza fue para Manuel Liñán por “Reversible”. Manuel dedicó el premio a todos los bailaores “que nos manifestamos tal y como somos. Por la libertad en la vida y en el arte”.

Salvador Távora, renovador del teatro español desde los años 60, andaluz universal, siempre comprometido con lo social y vinculado al flamenco, recibió el Premio de Honor. En su discurso recordó que “Nací para el desafío continuo”.

En el homenaje a los profesionales escénicos fallecidos en el último año, hubo un recuerdo para Teresa Vallejo, Goyo Montero y Eloy Pericet.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *